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TERRITORIOS BALDÍOS

TERRITORIOS BALDÍOS

El modelo autoritario

DARÍO FRITZ

Los gobernantes de ultraderecha toman a quienes les han dado el apoyo como un coto de su propiedad. Entregados los votos, una maquinaria de despojos entra a arrasar con todo aquellos que considera enemigo de la cuadratura con la que ven el mundo. Les molesta quienes pueden poner límite a su control político, como los poderes legislativo y judicial, todo aquello que huela a autonomía, como organismos electorales, y quienes desde las minorías ejercen sus derechos, como el caso de los inmigrantes y las comunidades de género. Poco les interesa el sistema político que los aupó al poder convenciendo a una mayoría. La democracia queda relegada a limitadas fechas del calendario electoral, y por lo demás se activa un autoritarismo donde esas piedras para sus intereses se comienzan a pulverizar desde la narrativa verbal, cargada de menosprecios, mentiras e insultos, y las acciones concretas, ya sean decretos y leyes o la represión y persecución hacia los críticos (Human Rights Watch advirtió ya en febrero pasado, la necesidad de parar la “ola autoritaria”).

El modo de operación no ha fallado. Dio el primer puntapié Alberto Fujimori en el Perú de los años ’90 del siglo pasado y los comenzó a imitar Nayib Bukele en El Salvador desde 2019. A partir de allí, con las características de cada uno, la oleada sumó a los Noboa, Milei, Bolsonaro, Trump, Kast, Keiko Fujimori y De la Espriella, solo por enumerar los del continente.  Basados en el hartazgo de gobiernos que no ofrecían salidas rápidas a las dificultades económicas, la inseguridad pública, la representación del “pueblo auténtico”, el cambio de fondo a la cotidianidad de un presente de aggiornamento, construyeron un discurso donde los valores democráticos (independencia de poderes, controles autónomos, respeto a la disidencia y las minorías, inclusión), quedan desbaratados y relegados únicamente al altar electoral.

Datos y números sirven para ilustrarlo. Que solo 600 millones de personas (7% de la población mundial) viva en una democracia liberal en 2025, y 74% (6,000 millones de personas) residan en sistemas autoritarios (autocracia), nos ofrece un panorama sobre dónde estamos parados. Estos datos recientes del Informe sobre la Democracia 2026, realizado por el Instituto V-Dem (hay otros como el de Freedom House y el de The Economist) señalan un retroceso de casi medio siglo, a 1978, cuando imperaban las dictaduras militares en América Latina, apoyadas principalmente por el paladín de entonces del sistema democrático, Estados Unidos. Si se midiera por países, tenemos 92 regímenes autocráticos sobre 87 democracias en el mundo, de las cuales, la mayoría no se consideran plenas.

La referencia al paladín Estados Unidos pierde bríos y con creces, dice el trabajo. Trump y su gobierno han llevado al país a un retroceso de seis décadas, a 1965, cuando se dio la lucha por los derechos civiles. Ha tomado 704 medidas que socavan directamente la democracia, 459 que debilitan los derechos civiles, 689 que reprimen la disidencia y 172 que vuelven insustancial al Estado. Donde la democracia todavía se mantiene indemne es en los temas electorales. Trump, en un año de gobierno, ha golpeado sobre los tres ejes centrales sobre los que se mide el estado de una democracia: restricciones judiciales y legislativas al Poder Ejecutivo (controles y contrapesos); libertades individuales (derechos civiles) y la igualdad ante la ley.

El modelo occidental de democracia se resquebraja no solo por el caso estadounidense sino también por el europeo, dice el Instituto V-Dem, donde se suman a las calificaciones de autocracia, Croacia, Italia, Eslovaquia, Eslovenia y el Reino Unido.

La mirada económica no deja nada a la tranquilidad. El poder en ese sentido, medido por el PBI, retrata una pérdida de 36% de países con fortalezas democráticas. Es decir, el autoritarismo tiene mayor concentración de riquezas, y por ende se le da la razón a quienes votan ese tipo de regímenes como salida para lograr mejoras de ingresos para sus vidas diaria.

Por derecha y por izquierda, Bukele en El Salvador y Daniel Ortega en Nicaragua, han hecho un trabajo sostenido para taladrar la democracia, con un éxito que el tiempo dirá (sus pueblos, en realidad) qué tanto les ha servido. América Latina camina hacia una debacle aparente, advierte el estudio, por los casos argentino, mexicano y peruano, aunque hoy aparezca como la segunda región más democrática, alentada por Brasil y su alto alcance poblacional. Si la medida se hace por países, el mapa deja claro una democracia acotada desde Ushuaia a los límites con Canadá.

México se queda en una “zona gris” de autocracia. La calificación la sitúa en una zona de incertidumbre, que inició en 2018 y persiste, por la falta de controles sobre el Poder Ejecutivo, el Congreso que responde al gobierno y la politización del Poder Judicial con la ley que dispuso la elección electoral de sus integrantes. Si en todos los países autocrático los ataques a la libertad de expresión son uno de sus signos más relevantes, en México, dice, se encuentra con el mismo problema. Los asesinatos de periodistas y las diatribas contra ellos y los medios, desde el gobierno, no pueden escapar al escrutinio. Lo que resulte del polémico anuncio reciente de nuevas reglas del derecho de las audiencias para concesionarios de radio y televisión, será tela que sumar para el informe de 2027.

¿Se entenderá pronto que el modelo autoritario que instrumenta la ultraderecha, asentado en las formas electorales de la democracia, resulta perjudicial para convivir? La transformación de la economía de la gente será central al momento de arrojar la papeleta a la urna. Lo demás, solo los restos de una comida opulenta.   

Darío Fritz
Darío Fritz es periodista, editor y profesor de periodismo. Autor de “Con la muerte en el bolsillo” (Ed. Planeta) y en “El libro rojo” III (FCE).

Sobre la autora

Araceli Domínguez

Productora Ejecutiva de Voces Ecológicas de la Frontera.
Periodista profesional con estudios de educación ambiental en CETYS Universidad y Fundación PROBEA
Diplomada en Derechos Humanos
Imparte cursos de educación ambiental, cultura del agua, la carta de la tierra, reciclaje, derechos humanos, libertad de expresión y análisis de riesgo.