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TERRITORIOS BALDÍOS

TERRITORIOS BALDÍOS

Sobreviviremos

DARÍO FRITZ

Una niebla opresiva ha vuelto a sobrevolar la economía como cada vez que el señor octogenario del norte descarga su martilleo amenazante sobre la certidumbre. Tal cual el zorro entra al gallinero, todo se alborota. En principio parecería que la casa se desmorona. Hasta que alguna voz reconocida trae orden ante la aprehensión y se reestablece el equilibrio. Como un oráculo surgido de las profundidades de la conciencia y las certezas, pone paños fríos a lo que parecía la proximidad de la hecatombe. El hombre más rico de México -así les gusta a muchos comenzar a relatar sus predicamentos de gurú de los negocios- abre la boca y el silencio del auditorio retumba en reverencia. “La actividad comercial de México con Estados Unidos va a continuar siempre en los próximos años -tranquilizó en estos días-, no sé si con un tratado A o X o Y o como sea, pero va a haber tratados o acuerdos o actividades reales constantes”. El señor octogenario del norte ponía las barbas a remojar con su negativa a continuar con tratados comerciales de largo plazo, y él, octogenario también, amortiguaba el golpe. Ese no es el problema, dijo. “Estados Unidos necesita mucho a México porque, si no, va a seguir comprándole a China”, simplificó. Y todos pasaron a rebajar tensiones, como si desinflaran pulmones.

En días en que acumular riqueza hace a los multimillonarios en admirables dioses a los que se rinde reverencia y se les acepta hasta las más desopilantes opiniones y proyectos (están los que hablan de la longevidad eterna, irse a vivir a la Luna, acabar con el Estado, crear ciudades para ellos o inclinarse por el fascismo), en el caso de Carlos Slim, sus apariciones esporádicas, elegidas con minuciosidad y definiciones certeras, lo hacen tanto distinto como infalible para una amplia religión de admiradores. Hecho a la vieja usanza, pone los micrófonos a propalar tres o cuatro veces al año y con eso le basta para marcar territorio.

A veces la invisibilidad puede jugarle desaciertos propios de residir entre murallas donde la distancia impide ver a los náufragos. Desde que los trabajadores deberían pensionarse a los 75 años, como ha dicho, cuando la esperanza de vida apenas llega a esa edad, la negativa a que la riqueza tribute más porque crearía evasión de capitales, el entusiasmo por las energías contaminantes como el petróleo, “puede ser que el del Jurásico sea hasta de mejor calidad”, dijo esta semana, hasta la negativa a que el Estado ofrezca asistencia social. Y a veces se ofusca cuando premios nobel de economía que han estudiado el origen de la riqueza del empresariado latinoamericano remarcan el empujón que en su caso le dio el Estado y varios gobiernos para hacer negocios (Por qué fracasan los gobiernos, se titula el libro). Beneficiario de “capitalismo de cuate”, lo describieron, un empresario que no se enriqueció con la innovación sino por aprovecharse de los vínculos políticos, algo que pocos osarían recordar. “Imbéciles”, se limitó a responder él, sin ofrecer explicaciones que cuestionaran el estudio.

En el desasosiego y confusión que suele traer el martilleo verbal del gobierno estadounidense, y en este caso a la certidumbre económica, no hubo mejor voz y oportunidad para acallar el cimbronazo. Sobreviviremos, tradujo. Perverso sería que en cuestiones de seguridad, narcotráfico y latigazos para políticos y gobernantes inescrupulosos, hubiera también alguna voz esporádica que menguara tantos azotes.

Darío Fritz
Darío Fritz es periodista, editor y profesor de periodismo. Autor de “Con la muerte en el bolsillo” (Ed. Planeta) y en “El libro rojo” III (FCE).

Sobre la autora

Araceli Domínguez

Productora Ejecutiva de Voces Ecológicas de la Frontera.
Periodista profesional con estudios de educación ambiental en CETYS Universidad y Fundación PROBEA
Diplomada en Derechos Humanos
Imparte cursos de educación ambiental, cultura del agua, la carta de la tierra, reciclaje, derechos humanos, libertad de expresión y análisis de riesgo.