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La Montaña

La Montaña

EDUCACIÓN Y FINAL DE LA CRISIS

Oscar Loza Ochoa

El sentido educativo escolar

es generar otras posibilidades de lo humano.

Inés Dussel

Al iniciar el ciclo escolar hay cosas para la reflexión. Sí, en los años anteriores no todo marchó bien, pues se nos acumularon rezagos que ahora son un fardo que debemos buscar cómo librarnos de él, buscando que los niños y jóvenes lastimados por ese flagelo recuperen parte del conocimiento que no estuvo a su disposición por razones de la pandemia o por la situación de emergencia que la presente crisis de violencia impuso en algunas regiones de la entidad. Hemos sido testigos al visitar escuelas primarias de niños en grados de quinto y sexto que no saben leer ni escribir. Las circunstancias antes descritas que se han vivido explican el problema, pero reconozcamos que esta situación es una tragedia para esos niños y para la sociedad.

La sociedad ha probado su capacidad de resistencia ante la larga coyuntura de crisis que arrancó el 9 de septiembre de 2024. A pesar de las pérdidas en vidas, en desplazamientos internos de numerosa población y de personas desaparecidas y de los golpes en materia económica, la voluntad para seguir buscando el camino que lleve a la post crisis es tan fuerte como al principio. Y la prueba de todo ello es que la población escolar, a pesar de momentos de incertidumbre, procura las clases presenciales, los trabajadores asisten a sus centros de trabajo y, si varios de ellos tuvieron que cerrar no lo fue por gusto de quienes se ganan el pan de cada día en sus empleos. Hubo recorte de horarios en las actividades, pero por las circunstancias.

Da gusto saber que en varias comunidades rurales la oferta académica llega hasta el bachillerato, pero es doloroso enterarse que los jóvenes que han terminado ese nivel educativo no puedan continuar su formación profesional. La inversión que Sinaloa y el país han realizado para que esos jóvenes alcancen la preparatoria no fue poca. Es probable que en parte sea falta de información de los bachilleres y en parte la ausencia de una estrategia desde la SEPyC y de las universidades para promover las opciones en diversas carreras profesionales, especialmente las que se ofertan en línea.

Quiero traer un ejemplo a la reflexión: 18 jóvenes terminaron el bachillerato en la comunidad de Los Vasitos, Sindicatura de Las Tapias, Municipio de Culiacán y solo dos se inscribieron en la universidad. 16 se quedan en sus comunidades, ¿haciendo qué? Académicamente nada. Con alto riesgo de ser absorbidos por actividades ilícitas si no les tendemos la mano con alguna de las alternativas disponibles: con estudio continuo o con trabajo. Afortunadamente hay opciones en algunas carreras. Nos preguntamos cuántos jóvenes egresados de la educación media superior en zonas rurales en nuestro estado tienen este dilema.

La Universidad Autónoma de Sinaloa tiene una oferta educativa virtual de 15 carreras profesionales: Licenciatura en Administración de Empresas, Licenciatura en Contaduría Pública, Licenciatura en Derecho, Licenciatura en Educación Deportiva, Licenciatura en Estudios de Género, Licenciatura en Estudios Internacionales, Licenciatura en Historia, Licenciatura en Informática, Licenciatura en Ingeniería de Software, Licenciatura en Ingeniería en Sistemas de Información, Licenciatura en Mercadotecnia, Licenciatura en Negocios y Comercio Internacional, Licenciatura en Pedagogía del Idioma Inglés, Licenciatura en Psicología y Licenciatura en Relaciones Comerciales Internacionales.

Por su parte la Universidad Autónoma de Occidente participa con esta oferta de licenciaturas en línea: Derecho, Ingeniería de Software, Educación, Gestión Pública, Ciencias Políticas, Administración y Desarrollo Rural y Psicología. Es importante incluir al Instituto Tecnológico de Culiacán que dispone de las opciones siguientes: Ingeniería en Gestión Empresarial, Ingeniería Industrial e Ingeniería en Sistemas Computacionales. Son tres instituciones públicas que contemplan soluciones de educación profesional para todas las personas que no pueden optar por llevar una carrera de manera presencial, por razones de trabajo o cualquier otra.

Celebremos que haya alternativas para quienes tienen limitaciones de tiempo o por empleo para continuar una carrera, pero llama la atención que no se disponga de una estrategia de parte de la SEPyC para que esos estudiantes que pudieron superar todas las dificultades del mundo y terminar el bachillerato, puedan continuar su educación universitaria. No disponemos de la cifra de jóvenes que terminaron en zonas rurales o ciudades pequeñas la educación media superior, pero quizá pasan por una situación similar a los egresados del telebachillerato de Los Vasitos. Es una pena que, disponiendo de alternativas profesionales, no se aprovechen plenamente. Si ya funciona el internet en esas comunidades, quizá con una baja inversión puedan disponerse de computadoras, tabletas o celulares que cubran la necesidad de quienes continúen la educación profesional.

No atender esa población que interrumpe la educación, sobre todo en momentos tan críticos como el presente, nos sale más caro que invertir en una solución. Sin la posibilidad de seguir la formación académica en una aula, sin fuentes de empleos productivas legales y bien remuneradas, el campo de las actividades ilícitas tiene un imán fuerte que debemos tomar en cuenta, porque puede atraer a un buen número de esos jóvenes. Por eso reflexionemos que es muy positivo contar con salidas en la educación, pero no basta con su existencia. Tarea importante también lo es el trabajo de facilitación y una estrategia que promueva la continuidad de la calificación profesional de esos muchachos que ahora quedan excluidos de la educación universitaria. Que la SEPyC y todos nosotros hagamos algo por ellos. Vale.

www.oscarloza.com

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X @Oscar_Loza

Sobre la autora

Araceli Domínguez

Productora Ejecutiva de Voces Ecológicas de la Frontera.
Periodista profesional con estudios de educación ambiental en CETYS Universidad y Fundación PROBEA
Diplomada en Derechos Humanos
Imparte cursos de educación ambiental, cultura del agua, la carta de la tierra, reciclaje, derechos humanos, libertad de expresión y análisis de riesgo.