LAS BARBAS A REMOJAR 20251016.
Sempere y Castro.
En 1985, un tremendo terremoto, un Sismo de más de 8 Grados Richter, golpeo al Valle alto, endorreico, en donde se asienta la gran Ciudad de México. Las pérdidas humanas y los daños a los edificios y las viviendas fueron de números de orden histórico.
La sociedad Mexicana, vivió entonces una gran experiencia de la violencia de la naturaleza, en su forma tectónica, así como la incapacidad del Estado y del gobierno para responder de forma inmediata y eficaz, ante la exigencias y necesidades planteadas por la urgencia.
Los gobiernos, federales, estatales y municipales, los ejércitos y los policías y todo el poder físico del Estado, fue rebasado por el fenómeno.
La sociedad, ante la orfandad del liderazgo oficial, asumió sus propios liderazgos y se organizo para enfrentar la enorme tragedia humana y material, y para rescatar a los heridos, a los atrapados y a los muertos. A enfrentar las necesidades medicas y de alimentos y de cobijo que presento el evento extraordinario.
Las comunicaciones fueron interrumpidas totalmente por más de un mes después de la fecha de la tragedia, porque las centrales telefónicas y los concentradores, se precipitaron con el sismo.
Las familias de la nación resultaron afectadas por la falta de señal telefónica. Hubo que comunicarse por radios o conductos privilegiados, hubo que consultar cada dia, en las paredes, la lista de los desaparecidos y de los aparecidos ya difuntos, para ver si no estaba en ellas, alguno de nuestros amigos o familiares.
Las ONG, y las organizaciones menores del Estado, como los colegios de ingenieros y las cámaras de la construcción, se organizaron individualmente, para enviar personas, recursos económicos, materiales de construcción y maquinaria a la CD de México, para cooperar en la reconstrucción.
Cuando al fin llego la paz y la calma y las heridas comenzaron a cerrarse, la sociedad comenzó a hacer cuenta de los daños sufridos y de la gran lección de la tragedia.
Se asumió que el gobierno fue incapaz de asumir de inmediato la enorme responsabilidad que se le presento con urgencias sin respuestas. Que había, que actualizar los modelos previsores sobre la ciencia geológica y sísmica de la región.
Que había que revisar y establecer las zonas de riesgo sísmico, y en ellas revisar cada edificio que había sobrevivido al siniestro. Establecer que edificios debían de demolerse y cuales reconstruirse sin riesgos para el futuro.
Había que pensar que hacer con las manzanas borradas del mapa citadino, que fueron convertidos en parques y regiones de refugio y convivencia. Había que revisar de nuevo los reglamentos de edificaciones en los referente a las previsiones sísmicas, para ponerlos al Estado del Arte y de la ciencia.
Había que crear, organismos como partes del Estado, que se dedicaran a elaborar reglas y normas sociales orientadas a la prevención, considerando la ubicación y las estructuras que ahora debían de diseñarse y construirse con nuevas medidas y reglas de diseño. Nuevas normas técnicas de diseño antisísmico aparecieron, como de nuevo un refrescado sentido común, nacido de la desgracia, debían de observarse.
Una nueva racionalidad del diseño nació. Nuevas normas técnicas, en las que se consideraron, las frecuencias de las fallas observadas en los edificios colapsados. Normas que se volvieron de obligada aplicación, en los nuevos reglamentos de construcción, sobre todo de viviendas.
Como parte del Estado, nacieron los organismo de Protección Civil, que como brazo organizado de los gobiernos, debían asumir la responsabilidad de visualizar los riesgos naturales y antropogénicos, con los que elaborar los planes de prevención, ya no tan solo ante los sismos, sino en general ante todos los elementos naturales y antropogénicos, causantes de eventos que violentan la estabilidad del medio ambiente, amenazando la vida en el planeta. Y en las diversas regiones de alto riesgo de inestabilidad.
Protección Civil, debía de contemplar la construcción de atlas de riesgo, que son planos que identifican las zonas geográficas expuestas a los riesgos, geológicos y meteorológicos de tipo atmosférico y oceánico.
ProCiv. Debía convocar a la sociedad de manera organizada, a los colegios, sindicatos, cámaras, ONG, asociaciones de padres de familia, organizaciones vecinales, ejidales y comunales, para que conocieran los nuevos reglamentos anti riesgos, las nuevas reglas previsoras. Que aprendiera la ciudadanía, “que hacer” de manera preventiva en la ubicación y construcción de las edificaciones, como organizarse, antes y durante las urgencias de los sismos, de los ciclones, de los tsunamis. Que hacer en los procesos de reparación y reconstrucción de los daños.
Como siempre, lo que crea la sociedad, el Estado organizado, comienza a corromperse, a volverse objeto de negocios y de robo, de hurto. Y no todos los Estados, ni todos los municipios, ni todas las comunidades, ocurrieron a los llamados de la Protección Civil, como una buena práctica previsora.
Hacer planos de riesgo, se volvió un negocio nacional. Los corruptos se arrebataron los contratos para hacer los planes de riesgo, los organismo de protección civil, fueron politizados y convertidos en un instrumento más de fomento político partidista. Al grado de identificar a un partido con la noble organización. Y matizarla con su espíritu y prestigio.
En México, una gran franja de su territorio, vive bajo permanente riesgo de las fuerzas desencadenadas de la naturaleza. Que provienen de dos mares, dos océanos, con sus ciclones, huracanes, y tsunamis. De un cinturón de volcanes que corta por la cintura a la nación. de una región atravesadas por las fronteras de las Placas tectónicas más activas de la corteza terrestre.
México, en su región tropical, vive bajo las influencias permanentes de los ciclones que provienen del Mar Caribe o de las regiones tropicales del Océano Pacifico. Placas tectónicas siempre activas, como la de Cocos, del Pacifico o de Norteamérica, han mostrado permanentemente los riesgos de sus movimientos relativos con las secuelas de sismos, terremotos y Tsunamis.
El cambio climático fundamentalmente oceánico y atmosférico, nos obliga a pensar, que toda la experiencia estadística almacenada de manera previsora, sobre ciclones y sismos, ha perdido vigencia.
Acapulco y la Huasteca nos demuestran hoy, que ya no basta con conocer los modelos de pronósticos de ciclones tradicionales que nos sirvieron por tantos años. Porque ahora, seguramente, en función al cambio climático, deberemos considerar en las medidas de prevención, la ocurrencia de cambios violentos de clasificación de ciclones como sucedió con el recientemente golpeador de Acapulco. El ya famoso Otis. O la ocurrencia puntual y cronológica de dos o más evento, cuatro en este caso sucedido en la Huasteca con todos sus Estados. Querétaro, Hidalgo, Veracruz y Tamaulipas.
Parece que coincidieron en un tiempo y geografía, un ciclón proveniente del Caribe, un ciclón proveniente del pacifico, un frente frio proveniente del norte, de Texas, y una vaguada existente, de pronto precipitada sobre la zona.
Ningún modelo meteorológico, puede predecir las consecuencias de una coincidencia de tal magnitud. Y parece que esto seguirá sucediendo el futuro.
Por desgracia deberemos asumir, que todas las medidas previsoras del Estado, que se acostumbraba tener para enfrentar los acontecimientos emergentes de esta especie, ya no funcionaran, si se siguen tomando las mismas medidas y acciones.
Es necesario cambiar los puntos de vistas de la guerra contra los efectos de fenómenos naturales impredecibles, y que tienen que ver, con lo que la ciencia nos ha anunciado como las consecuencias del cambio climático, cuyo fenómeno aun no ha podido dimensionar en toda su magnitud la ciencia del hombre actual.
Y parece ser, que la parte más débil, más frágil de la sociedad mexicana, o sea los pobres, será quien se vea como la más afectada por los fenómenos meteorológicos y sísmicos extremos del futuro. Es la clase social más débil, por su falta de educación y de cultura y por lo tanto incapaz de comprender la dimensión de su riesgo existencial, la más débil, porque por desgracia, los pobres siempre viven en las regiones de mayor riesgo sísmico, hidrológico y climatológico en general. Siempre viven en condiciones urbanas y de viviendas en los límites de la seguridad. Seguridad inestable que se rompe ante el menor temporal.
En Tijuana Baja California, se vive en una zona de riesgo múltiple, riesgo geológico que nace del tipo de suelos en donde se asienta la mancha urbana, del tipo de sistema hidrológico de ríos arroyos y torrentes que los impregnan y sutura, se ubica la ciudad en la frontera de la placa el Pacifico, una de las regiones sísmicas más activas del planeta. Cerca de fallas, como la de San Andrés, la Nacional, Rouse Canyons, la Rumorosa, la Cucapah. Que muestran actividad continua.
Tambien se vive el riesgo antropogénicos, porque el 80% de los pobres de México, vive hoy en las ciudades, esto quiere decir, que de una población de 4 o 5 millones de habitantes, en Tijuana viven unos dos o 2.5 millones de pobres, con su riesgo sísmico e hidrológico a cuestas. Y quienes deban de prevenir los riesgos futuros, deberán de considerar esta condición desventajosa, por donde se le vea.
La costa Californiana, ha estado amenazada por siglos por los impactos de los Tzunamis. (Aaraon Tasieff). En donde olas hasta de 20 m. impactan las costas del pacifico.
Con la idea de prevenir y no de asustar a nadie decimos: La población de Tijuana, (4.5-5.0 Millones de habitantes) debe de saber que su mancha urbana esta asentada en una zona de riesgo sísmico clasificada con la categoría de C, el máximo riesgo.
Que la región esta expuesta a fenómenos meteorológico asociados a fenómenos oceánicos (el Niño), que presentan las características de efectos ciclónicos con intensas lluvias que provocan que los ríos, Arroyos, torrentes y cañones se llenen de nuevo sus cauces, y arrastren con todo lo que encuentren a su paso.
Que los suelos de origen lacustre cuaternario, (paleo dunas, paleo deltas, paleo islotes arenosos), suelen perder la estabilidad con la elevación de la humedad de estos y precipitarse a las partes más bajas con todo lo que tengan encima, como construcciones y viviendas. Las fallas frecuentes de taludes son conocidas por la población.
Que las zonas de arroyos, que recuperan sus cauces con las lluvias extraordinarias, se convierten en regiones peligrosas para las construcciones y las vidas humanas y los seres vivos que habitan en ellas.
En Tijuana, se estima que se encuentran invadidos por la mancha urbana, 400 km de arroyos, que fueron tapados con suelos y borrados del mapa hidrológico, y del mapa de la vida con todas sus especies, que eran poblaciones riparias, arboles de galerías, matorrales, mamíferos, aves reptiles, batracio, peces. Y especies concomitantes.
En Tijuana, hubo una vez un cuerpo de protección civil, a veces más preocupado por el fomento político partidista que realmente atender por las medidas preventivas.
De todas formas, estas medidas preventivas ya han cambiado, ya no funcionan, como lo muestran los fenómenos de la Huasteca y de Guerrero. Así que lo sociedad, como en 1985, en el DF, debe de tomar al toro por los cuernos y organizarse para el nuevo esquema de riesgos al que la sociedad se enfrenta.
Una imagen puede ayudar a comprender la gravedad de la situación del riesgo hidráulico. En 1941, (relata un testimonio de un científico que vivió el fenómeno. El Dr. Armando Flores Victoria, que nació en la calle primera de la zona centro de Tijuana, y que vivió y nos relato el acontecimiento) , ya existente la presa Rodríguez, inaugurada en 1938, una tormenta extraordinaria, provoco un alto escurrimiento en el Rio Tijuana, de tal forma que el agua escurriendo llego a puntos del borde activo, como es el cruce de la Avenida Revolucion y la Calle Tercera del viejo centro de la ciudad. La inundación invadió toda la llamada zona norte que desapareció por horas. El rio se llevo al puente de madera que conectaba a la garita de San Ysidro con el viejo centro de la ciudad. (El puente la Marimba, le decían, pues era de madera).
El Rio Tijuana recupero su antiguo cauce, penetrando de forma directa a su viejo delta de desembocadura, la laguna litoral de San Diego.
A pesar de los efectos de la presa Rodríguez, recién estrenada, el agua en el rio Tijuana, alcanzo un tirante y un ancho máximo no visto desde 1921 y 1916, en que hubo inundaciones extremas similares, mismas que por orden presidencial, definieron el Área Federal del Rio Tijuana. Area de riesgo hidráulico que a pesar de todo fue invadida por los migrantes que fundaron Cartolandia dentro del cauce.
Los efectos del cambio climático son una realidad, a pesar de las opiniones exceptivas de políticos e ignorantes. Y uno de esos efectos amenaza a ciudades como Tijuana, localizadas en regiones de alto riesgo antropogénicos.
Es siempre mejor prevenir que lamentar, así que, cuando veas la barbas de tu vecino rasurar, hay poner las propias a remojar.
Tijuana. B. C. 16 Octubre 2025.












