El tráfico de embarcaciones en este paso ha llegado casi a detenerse tras los ataques a Irán a finales de febrero. Este conflicto eleva la necesidad de transitar hacia sistemas agrícolas más resilientes. |
Ciudad de México, Marzo 20.- Casi la mitad de la población mundial depende de alimentos cultivados con fertilizantes nitrogenados sintéticos. Estos nutrientes producidos industrialmente aportan nitrógeno a los cultivos, un nutriente esencial para el crecimiento de las plantas. Aproximadamente un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes pasa por el Estrecho de Ormuz, entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.El tráfico de embarcaciones en este paso ha llegado casi a detenerse tras los ataques a Irán a finales de febrero, reduciéndose en un 97% durante la primera semana de marzo. A diferencia del petróleo, del cual los países mantienen reservas, los mercados de fertilizantes carecen de existencias reguladoras que amortigüen perturbaciones prolongadas y, por tanto, dependen de la producción y el comercio continuos.En 2024, el 34% del comercio mundial de urea y el 23% del comercio mundial de amoníaco transitaron por el Estrecho de Ormuz desde cinco grandes países exportadores de fertilizantes: Irán, Qatar, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, según la Asociación Internacional de Fertilizantes (IFA). Si se suman las exportaciones de los países vecinos Egipto, Omán y Jordania, el total del comercio mundial de urea originado en Oriente Medio asciende a casi el 50%. Incluyendo fosfatos y potasa, la región de Oriente Medio en sentido amplio representa casi el 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes.Un reciente informe de Zero Carbon Analytics muestra que las perturbaciones en el suministro de fertilizantes se traducen rápidamente en precios de alimentos más altos, ya que los productores agrícolas y alimentarios trasladan los mayores costos de insumos a los consumidores. Ya en la segunda semana de marzo de este año, los precios del aceite de palma, aceite de soja, soja, maíz y trigo se dispararon a medida que las interrupciones en el suministro de petróleo crudo acrecentaron el interés en los biocombustibles de origen vegetal, mientras que el pánico ante la seguridad alimentaria en tiempos de guerra puede haber impulsado a algunos países a acumular reservas de productos básicos como el trigo.“Los actuales riesgos en el suministro de fertilizantes evidencian la necesidad de transitar hacia sistemas agrícolas más resilientes. En este contexto, la agroecología no solo representa una alternativa ambientalmente favorable, sino también una inversión estratégica para reducir la vulnerabilidad frente a crisis externas. Al fortalecer la salud del suelo, diversificar las fuentes de nutrientes e integrar insumos orgánicos, biológicos y sintéticos de manera más eficiente, los sistemas agroecológicos disminuyen su dependencia de mercados volátiles y mejoran su capacidad de adaptación, a su vez que se disminuyen pérdidas de nutrientes y se mitigan en mayor medida los impactos en suelo, agua y atmósfera generados por residuos de fertilización sintética”, explica Miguel Romero Sánchez, ingeniero agrónomo, doctor en Ecología de Producción de Cultivos y líder temático de investigación en Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).En América Latina, donde aún existe una amplia brecha en eficiencia de uso de nutrientes, “estas estrategias permiten aumentar la productividad y hacer un aprovechamiento de residuos, permitiendo construir sistemas productivos más estables y sostenibles en el tiempo”, añade el experto.William Solano, especialista en recursos fitogenéticos del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) coincide en resaltar la agroecología como un camino para hacerle frente a la vulnerabilidad de la cadena de suministro: “La actual disrupción en el suministro global de fertilizantes pone en evidencia la alta vulnerabilidad de los sistemas agrícolas dependientes de insumos externos. En este contexto, la agroecología no solo representa una alternativa ambientalmente sostenible, sino también una estrategia clave para fortalecer la resiliencia productiva y la seguridad alimentaria frente a crisis geopolíticas y económicas”.Belén Citoler, Directora del Foro Rural Mundial, que representa a más de 75 millones de agricultores familiares en los cinco continentes asegura que lo que estamos viendo no es solo una crisis de fertilizantes y materias primas, es una prueba de resistencia para un sistema alimentario frágil que no está diseñado para ser resiliente. “La buena noticia es que otro modelo es posible y existe en manos de los agricultores familiares que practican enfoques agroecológicos que reducen la necesidad de fertilizantes de combustibles fósiles y son voces líderes en la transición justa. Invertir en estas soluciones probadas y contrastadas —así como en las redes de seguridad que permitirán a los agricultores familiares superar la crisis actual— es fundamental si queremos salvaguardar el suministro de alimentos y los medios de vida rurales.” |
Reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos ofrece múltiples ventajas económicas |
En su momento, la perturbación en las cadenas de suministro de fertilizantes tras la invasión de Ucrania creó un incentivo para limitar la dependencia de los fertilizantes sintéticos. Si bien la reducción en la aplicación de fertilizantes sintéticos puede disminuir los rendimientos entre un 40 y un 50% en los sistemas agrícolas convencionales, los sistemas agroecológicos —que utilizan pocos o ningún insumo sintético— se ven menos afectados y han demostrado ser económicamente resilientes durante la reciente crisis alimentaria mundial.El uso excesivo de fertilizantes sintéticos es común en la agricultura moderna. Cuando los fertilizantes se aplican en cantidades superiores a las necesidades de los cultivos, los nutrientes no absorbidos se pierden en el medio ambiente, contribuyendo a la contaminación del agua, la contaminación del aire, la acidificación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Se estima que más de la mitad del nitrógeno aplicado a las tierras de cultivo se pierde en el aire y el agua en lugar de ser absorbido por los cultivos, lo que significa que reducir el uso de fertilizantes reporta tanto beneficios económicos directos como minimiza los costos sociales causados por la degradación de los servicios ecosistémicos y los impactos en la salud humana.Mejorar las prácticas agrícolas y de gestión de fertilizantes puede reducir sustancialmente la contaminación por nitrógeno mientras se mantienen o incluso se incrementan los rendimientos de los cultivos. Una síntesis global de 1.521 observaciones de campo identificó 11 prácticas de gestión agrícola capaces de reducir las pérdidas de nitrógeno de las tierras de cultivo hacia el aire y el agua entre un 30 y un 70%, al tiempo que aumentan los rendimientos de los cultivos entre un 10 y un 30% y mejoran la eficiencia en el uso del nitrógeno entre un 10 y un 80%.Las prácticas de gestión en cuestión incluyen enfoques agroecológicos centrados en fortalecer el ciclo natural de nutrientes y mejorar la salud del suelo, como las rotaciones con cultivos de leguminosas, las enmiendas orgánicas tales como los residuos de cultivos y el biochar, la labranza reducida y las zonas tampón como las franjas vegetadas; así como enfoques de agricultura de precisión destinados a aumentar la eficiencia del uso de fertilizantes mediante una mejor orientación y programación de las aplicaciones, como la optimización de las dosis de fertilizantes y la mejora de su ubicación y momento de aplicación. |
AUMENTA EL PRECIO DE LOS FERTILIZANTES, POR LA CRISIS DEL CANAL DE ORMUZ,EN CONSECUENCIA EL COSTO DE LOS ALIMENTOS SE ELEVA, SEÑALAN ESPECIALISTAS

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Sobre la autora

Araceli Domínguez
Productora Ejecutiva de Voces Ecológicas de la Frontera.
Periodista profesional con estudios de educación ambiental en CETYS Universidad y Fundación PROBEA
Diplomada en Derechos Humanos
Imparte cursos de educación ambiental, cultura del agua, la carta de la tierra, reciclaje, derechos humanos, libertad de expresión y análisis de riesgo.





