Punto de fuga
Darío Fritz
Erick Saracho Aguilar salvó su vida como lo hacen los héroes de los comics. Levantó sus brazos para cubrirse el rostro en un acto reflejo frente al criminal que le apuntaba con su pistola a la cabeza y allí fueron a dar los balazos. Solo faltó que luego le diera una paliza al atacante para que se completara la historieta. Pero no, más real corrió a resguardarse en su casa y así terminó por salvar la vida. Quién sabe si el sicario prefirió huir ante los primeros intentos de su fracaso o con mala puntería continuó disparando y no dio en la humanidad del hombre. En algunos de esos segundos eternos que nos dejan ver el acecho constante del filo de la muerte, Saracho apretó el botón de pánico que la policía le entregó en su manera sutil y haragana de protegerlo de las amenazas a la que ha estado sometido y los esperó, con el terror a cuestas de que quizá el sicario volviera por él para terminar con el encargo. La policía municipal se tardó una hora, contaría luego, porque él sí vivió para contarla -ese instinto de supervivencia de resguardar la cabeza obviamente tiene mínimas posibilidades de éxito-, un tiempo nada prudente para llegar a su casa en Bahía de Bandera, Nayarit, una ciudad de apenas 200,000 habitantes.
Saracho, como todo activista y defensor del territorio que trabaja en el terreno, protegiendo la supervivencia del jaguar o denunciando las irregularidades de los desarrolladores inmobiliarios en la Riviera nayarita, ha sido víctima una vez más de esa componenda virtuosa con largos años de éxitos de los que se saltan la ley por negocios millonarios y que junta a criminales con funcionarios municipales y estatales, policías, jueces, políticos y empresarios. El verdadero hampa organizado. Sin esa confabulación no se entendería por qué en 2025, 14 ambientalistas y defensores sociales fueron asesinados -algunas ONG ’s precisan 40 casos-, y que en el sexenio anterior llegaran a 123 crímenes y 1,428 agresiones. Los desaparecidos fueron 59 entre 2020 y 2024.
Corruptio optimi pessima es un aforismo que proviene del latín y que se traduce como “la corrupción de lo mejor es la peor”. Algo así como lo mejor, que deben ser las instituciones, están corrompidas, y en la escala descendente debe esperarse aún lo peor. Allí donde también la vemos en cada puesto de comida que se instala en la calle, la verificación de autos o el técnico que cobra en el hospital público por un estudio prequirúrgico.
En el fin de semana previo al ataque contra Saracho Aguilar, la “unión para quebrantar”, como el latín define a corrupción, tuvo su versión más grotesca en otra punta del territorio nacional. Un empresario le festejaba los 15 años a su hija en Villahermosa, en una pachanga amenizada por Belinda, J Balvin y Galilea Montijo, regalos de recuerdos por 25,000 pesos y otros para la festejada como una bolsa Hermès valuada en más de 650,000 pesos. Cuesta creer que se haya despilfarrado allí algo así como 50 millones de pesos como señalan algunos cálculos. Uno, bien pensado, creería que esos son gastos para los Jeff Bezos que pueden ocupar Venecia en su casamiento y a todo mundo le cae bien la excentricidad. Lo anecdótico no dejaría de ser grotesco si no fuera porque entre el padre, un ex empleado de la paraestatal y proveedor de Pemex enriquecido a partir del sexenio pasado, el padrino de la boda, un funcionario encumbrado de Pemex en Tabasco, y la madre, empleada de bajo rango, también de Pemex, se conjugan los amenizadores de la fiesta, y supuestos autores del dispendio. Las sospechas sobre el hilo fino que lleva a los orígenes del dinero que pagó tanto lujo serán poco probables de aclarar, pero que se encuentran dentro del aforismo del latín, ninguna duda debe caber.
Hay gente a la que la vida le resulta un milagro. Se descubren por ese punto de fuga de la corrupción llamado impunidad. Confiados, un día las redes sociales, el periodismo o sus privilegios intocables los muestran tal cual ampulosos en los excesos: una fiesta, un viaje en jet privado, cazando rinocerontes en África o hasta liberados de un crimen. Como dijo alguien con notable sentido común: “el poder protege y, en el peor de los casos, siempre puede indultar”.












