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La Montaña

La Montaña


JORNADA DEL 22 DE FEBRERO Y LA POSTCRISIS
Oscar Loza Ochoa

No queremos que nuestros niños y niñas
crezcan escuchando balas y no risas.
Vecina de Guadalupe y Calvo, Chih.

No salimos del asombro de El Verde, Concordia y nos asalta Tapalpa, Jalisco. Ambos rincones del país se vuelven emblemáticos de esta coyuntura que inició un 9 de septiembre de 2024 y que aún se resiste a obsequiarnos indicios claros de que su ocaso ya se vislumbra en el horizonte. Ciertamente esos puntos de la geografía nacional no aparecían como santuarios de personas cuyo oficio es el delito, pero los eventos que han protagonizado obligan hasta a los más escépticos a volver la vista. El Verde es un pueblo señorial, solidario una y otra vez con los grupos de desplazados por la violencia que buscaron refugio en sus hogares. En las cocinas de ese histórico pueblo las hornillas o las estufas nunca están apagadas, porque siempre hay comida caliente para el forastero que va de paso.

Tapalpa es una región con un amanecer anterior a la invasión española, la población otomí que la habitaba era pacífica, lo que pudo constatar Alonso de Ávalos cuando llegó en 1523 sin encontrar resistencia de parte del pueblo Atlacco. La comunidad mestiza es más antigua que Guadalajara y la disposición para el trabajo llevó a que en su jurisdicción se estableciera la primera fábrica de papel de América Latina en 1840, en los tiempos en que la República no terminaba de constituir un proyecto definitivo de Nación y los peligros ante el hambre de territorios de los imperios europeos y de nuestro vecino del norte, rondaban en las puertas de nuestras fronteras.

El Verde también tiene una historia para recordar, pues los totorames ya estaban asentados cuando Francisco de Ibarra arribó a esos lares en 1565 buscando metales preciosos; sin olvidar la presencia de Acaxes y Xiximes en las faldas de la sierra. Los habitantes de la zona aguantaron un tiempo el trabajo forzado en las minas y la colonización religiosa, pero entre 1601-03 se rebelaron. Lo que forjó una comunidad inclinada a la paz y al trabajo, pero de carácter fuerte, “de pocas pulgas”, pues. Tapalpa, sin Haber progresado su pionero esfuerzo industrial, durante el gobierno de Álvaro Obregón cerró la producción de papel, encontró una vocación natural en el turismo, consciente de la riqueza de sus bosques y aguas. Y de la disposición hospitalaria de su gente.

Las dos comunidades viven ahora sus respectivas tragedias: a una le tocó en desgracia ser terreno de fosas y actos delictivos y, a la otra ser escenario de una detención que impone un nuevo elemento en la crisis. La saga de siglos que les esculpió un rostro y forjó una cultura de trabajo y paz, de repente uno o algunos eventos violentos les abre una coordenada en el complicado mapa de la violencia en nuestro país. Esos acontecimientos serán un tatuaje permanente que marcarán la piel de esas poblaciones por más de una generación. No será la mejor justicia a su rica y productiva historia, pero lo que ahora les sucede ojalá sirva de cimientos para construir una sociedad mejor.

Ya lo hemos afirmado, que lo vivido en El Verde impone un antes y un después. Y ahora agreguemos que si faltaba algo para reafirmarlo esos elementos los aporta Tapalpa. Atrás de la crisis que hoy viven esas comunidades hay una crisis mayor que invita a reflexionar sobre las implicaciones que tiene lo que ha sucedido allí, a corto y mediano plazo. Entenderlo es crucial.
Sí, entender esa situación resulta determinante para explicarnos las expresiones de violencia, para ubicar nuestra posición en el entorno y para desbrozar una ruta que nos lleve al final de esta prolongada crisis. Es muy importante dimensionar lo que la crisis de seguridad y también económica y social deja en la actual generación de infancias y adolescencias. Si no somos capaces de atender y superar este reto, ¿cómo podremos ayudar a esas generaciones que nos vienen pisando los talones a superar los daños que en estos momentos reciben. Otra cosa esencial es que nuestras reflexiones no distraigan la vista y pongan énfasis en el renglón de la economía y no dejemos de preguntarnos, ¿son más los daños que nos dejan las actividades ilícitas o son más los beneficios?

Para que el sistema económico nuestro funcione requiere que la economía crezca al 3 por ciento anual, cosa que no se ha logrado en los dos últimos años. Y aunque se deteste la inversión y el circulante de moneda ilegal, en la realidad no deja de aliviar la situación de una economía que marcha a pasos más lentos, como lo prueban 2024 y 2025 y el mal arranque de 2026. En una encuesta pública la gran mayoría ciudadana expresará su condena a los dólares y pesos sucios, pero los resortes de la economía y las instituciones financieras que la apalancan, ¿qué opinión y prácticas seguirán? Ese dinero cuesta vidas, incapacidades permanentes y enfermedad del tejido social, pero cuenta, aunque no queramos aceptarlo, en el Producto Interno Bruto (PIB).

Hace apenas unos días en reunión de empresarios se concluyó que es “Pacificación, la condición para recuperar la economía”. Pero el problema de la seguridad no es sólo gente armada y violenta en las calles, pues destino y blanqueo de capitales non santos están en el sistema económico mismo (sus instituciones pilares). En este campo hay tareas que no se pueden soslayar. ¿Cómo alcanzar la propuesta de pacificación de la iniciativa privada sin “borrar” la economía ilegal? Como no es tarea fácil ni sencilla, consideramos que el diálogo entre la autoridad y los sectores sociales debe concretarse para que la búsqueda de senderos que lleven a la postcrisis no desmaye a los primeros intentos. Es posible alcanzar el final de esta crisis que lleva 17 meses, pero que la autoridad no menosprecie el gran valor de escuchar a la sociedad y de encontrar puntos de coincidencia. Vale.

www.oscarloza.com
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X @Oscar_Loza

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Sobre la autora

Araceli Domínguez

Productora Ejecutiva de Voces Ecológicas de la Frontera.
Periodista profesional con estudios de educación ambiental en CETYS Universidad y Fundación PROBEA
Diplomada en Derechos Humanos
Imparte cursos de educación ambiental, cultura del agua, la carta de la tierra, reciclaje, derechos humanos, libertad de expresión y análisis de riesgo.